Chrysalida

De que sirve expresar todo lo que llevamos dentro cuando la vida decide parar los caminos que recorres?

La vida es un sistema demasiado inteligente y complejo para entenderlo y al mismo tiempo su esencia está totalmente engalanada de simplicidad. Cuando parece que las cosas salen como tú quieres te dices a ti mismo  «sí, las cosas van bien. La vida es bella». En cambio cuando las cosas parecen torcerse o cuando las cosas ni si quiera aparecen y por consiguiente tampoco pueden torcerse, parece que nos toca decir cosas así como «cómo están las cosas… nos toca aguantar… vaya energía que se está moviendo…»  En realidad la vida no necesita nuestra aprobación o nuestra crítica. La vida es lo que nos toca vivir, sucede y también creamos constantemente nuestro propio camino. Pero esta es la cuestión más misteriosa: ¿Qué parte de lo que estoy viviendo ha sido creada por mi?

En realidad no creo que sea tan importante saber qué parte de responsabilidad me toca asumir, sino más bien ¿Qué pienso hacer AHORA con lo que está pasando? Es entonces cuando irrevocablemente caigo en la misma pregunta. ¿Qué quiere la vida que haga ahora? esta pregunta no podemos dejar de atenderla.

A veces esperamos que ocurran cambios fáciles de percibir e identificar. Cuando creemos que no pasa nada, además de estar totalmente equivocados, nos sentimos atrapados en el mar de la incertidumbre. ¿Tengo que hacer algo… debo ser yo el que mueva ‘ficha’… tengo algo pendiente que en estos momentos hace que mi vida parezca frenada? Nos cuesta mucho aceptar que los cambios más trascendentales son los que ocurren dentro de uno mismo, y es precisamente en estos tiempos de quietud, de no-pasa-nada y de espera cuando nuestra progresión parece querer interrumpirse precisamente porque necesita estar preparada para dar un salto. Necesitamos evolucionar, igual que hace una oruga para convertirse en crisálida.

Y es que a veces nos toca simplemente parar, vaciarnos de todo lo que creemos saber, de todo lo que consideramos que necesitamos hacer, de  nuestras ataduras, de nuestros compromisos, dejando atrás lo recorrido y lo logrado, estar agradecido pero no apegado, mirando a ningún lado, a ningún horizonte, sin otro objetivo que dejar que suceda lo que tiene que manifestarse dentro de nosotros. Sin otro deseo que poder reconocerlo y poder entender y emprender el salto en la dirección que nos aguarda más allá de este momento. A veces toca ser Crisálida, para poder despegar…

No deja de llamarme la atención la palabra crisálida originaria del antiguo Griego χρυσός (khrusós, “oro). Qué curiosa inteligencia guardada en la etimología de las palabras. Resulta que estos tiempos de quietud tan difíciles de pasar en realidad guardan un tesoro. Guardamos un tesoro y somos a la vez, potencialmente, el tesoro que guardamos.

No tengamos miedo a ser Chrysalidas. Por duro que pueda parecer, es todo un privilegio poder vivirlo.

Nymphalidae - Danaus plexippus - Chrysalis

 

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Archivado bajo Conciencia y espiritualidad, Madre Tierra

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