Santuarios naturales: debemos protegerlos

Hoy voy a hablaros de  lo que se conoce como santuarios naturales, lugares de poder, lugares maestros, ‘nemetons‘ como solían llamarse en la cultura celta. Se trata de lugares de gran belleza, gran misterio o gran poder, donde se encuentran y manifiestan fuerzas y energías, donde habitan seres especiales, donde acudimos para aprender, recibir, agradecer, sanarnos o descubrir una parte escondida de nosotros mismos. Cada santuario es diferente,  y además también cambian, tienen sus ritmos y evolucionan a nivel individual. Y eso es difícil percibirlo y admitirlo mucho más, especialmente cuando el lugar nos pide, nos recomienda y nos invita a alejarnos.

Os voy a poner un ejemplo concreto y reciente que me pasó con la montaña de s’Alcadena.

-Soy un santuario natural. Deben recordarlo y como tal deben tratarme- así me decía s’Alcadena la última vez que acudí a ella. Me pedía que en estos momentos tuviésemos cierto distanciamiento con ella por una buena y sensata razón. Tiene que terminar de asentarse lo que el pasado 21 de septiembre de 2016 nació desde la misma gran montaña (Ver vídeo). Para aquellos que no lo sepan o recuerden, la montaña de S’Alcadena tuvo algo así como un parto energético, un nacimiento de una nueva energía. Esta curiosa petición no deja de recordarme a una madre que cuida, protege y vela recelosamente su/s recién nacidos. Y debo deciros que esa fue la información que cada centímetro de mi piel percibió justo cuando me aproximaba a uno de sus lugares más sagrados; al punto que casi me eché para atrás porque sentía que había algo muy delicado por ahí y que Ella estaba protegiendo.

Cuando me acerco a S’Alcadena lo hago sólo cuando recibo de ella una clara, clarísima invitación, además de forma insistente. Antes de de equivocarme y pensar que todo es fruto de mi ego, prefiero esperar a que ella vuelva a insistir. En esto debo decir que no deja de sorprenderme ver cómo se dan los sincronismos y cómo al final nos llega la información para que entendamos lo que debemos hacer.

Y esto es sin duda el tema que debemos tratar.

¿Cuál debe ser la actitud nuestra a la hora de relacionarnos con los lugares más sagrados de nuestro planeta?

Parece que no nos ponemos de acuerdo en este tema. Por una parte unos afirman que es importante regresar a la Naturaleza y a los lugares ancestrales de poder. Es importante estar y conectarse a la Madre Tierra, así como reconocer la belleza y especialmente el poder de los lugares sagrados. Pero… ¿a qué precio? Parece evidente que los humanos no sabemos poner ni freno ni límites a nuestras acciones y estamos contaminando inconsciente y torpemente lo que más valoramos, precisamente a través de las acciones que creemos que sirven para expresar nuestro respeto y admiración por el lugar. Pura ironía. Nos enteramos de un lugar ‘especial’ y acudimos en masa a conocerlo, a caminarlo, a sentirlo. Lo llenamos de pequeños altares, de ofrendas, de decoración, hasta incluso le arrancamos un trocito para llevárnoslo a casa. Y mientras hacemos esto esperamos que algo de la belleza o de la magia del lugar ‘se pegue’ a nosotros. Lo cierto es que se trata de un fenómeno que ocurre a a escala mundial y que debemos reconocer: Estamos masificando y contaminando los lugares más sagrados del planeta. Los avances de las tecnologías de información nos permiten encontrar cualquier lugar del planeta casi sin esfuerzo. Todo el mundo comparte abiertamente sus experiencias, sus fotos, sus videos, sus lugares favoritos. Por una parte está muy bien porque nos estamos abriendo y podemos acceder a conocimientos que antes no teníamos. Pero lamentablemente la llegada de demasiada gente a los santuarios naturales acaba por dañar o contaminar el mismo lugar o cuando menos acaba por hacer que la energía, los seres del lugar, o lo que allí existía y hacía que fuese tan especial, empiece a retraerse, a esconderse, a protegerse de ese intrusismo.

No todo el mundo entiende que la belleza de algunos lugares radica en su singularidad, que muy a menudo, por no decir casi siempre, es invisible a los ojos humanos. Esta singularidad es una energía consciente que nos envuelve nada más pisar el lugar, y que tiene unas características determinadas que precisamente la convierten en un espacio único. ¿Por qué digo esto? porque resulta fácil percibir la belleza con nuestros sentidos más comunes. Resulta fácil desear ir a un lugar que uno reconoce o sabe que es hermoso y especial. Sin embargo la cuestión es saber si nos toca ir o cuándo debemos ir. Lamentablemente no todo el mundo practica la percepción más allá de las formas. Si la gente lo hiciera os aseguro que nunca pisarían ni los mismos lugares, ni al mismo tiempo, ni de la misma forma. La gente acudiría a un bosque pero no al mismo rincón. En lugar de hacer una lista basada en caprichos deberíamos dejarnos llevar por los pies, por las corazonadas, por la percepción extrasensorial, por la ‘vocecita’ que nos susurra al oído, por los escalofríos de la espalda, por el cosquilleo de las manos, o de la nuca, o de los pies. Deberíamos hacer más caso, muchísimo más caso a las visiones, a los sueños, a las meditaciones, a los sincronismos… y os digo esto porque de esta forma entenderíamos un lenguaje más antiguo que la propia humanidad. Porque antiguamente los humanos hablábamos menos y de otra forma entre nosotros y con todo lo que nos rodeaba. De esta forma sabríamos dónde, cuándo, cómo y porqué acudir a un lugar. Así de sencillo. Os aseguro que así no habría masificación en lugares sagrados.

La gente acude a santuarios naturales porque sabe que son lugares especiales y  porque quieren apreciarlo, percibirlo, compartirlo en su propia piel. Lo hacen en su mayoría siguiendo los pasos de otros, las modas, los consejos, la fama, el boca-oreja de un buen amigo, de una revista, o de una entrada de instagram. Y la verdad es que se trata de lugares especiales y tienen, tenemos, todo el derecho a conocerlos, vivirlos y sentirlos. Pero hagámoslo de otra forma, de otra manera. Hagámoslo usando la magia, que es lo que precisamente hace que ese lugar sea tan especial y bello. O de lo contrario acabaremos por robarle toda su belleza. Y eso, lamentablemente, ya está ocurriendo. Lo he podido constatar personalmente en muchos lugares conocidos mundialmente por su belleza o por tener relación con una cultura ancestral. Cuando llego tengo la sensación de que se trata de algo así como… un escenario de teatro, hueco y vacío por detrás. Ya no queda nada. Nada interesante que sostenga la belleza, la magia o el poder que hubo en su tiempo. Sólo queda un sutil rastro, una careta superficial, efímera y vulnerable.

La distancia entre un capricho de la mente y una corazonada es tan pequeña… tan sutil, que cuesta distinguirla. Y cuesta mucho más aún distinguir y admitir las señales que nos advierten, que nos paran, que nos aconsejan, o que nos quieren hacer cambiar el rumbo. Por eso es tan importante poner atención consciente y humildad antes de ir a un santuario. ¿Por qué no esperamos a que el lugar nos invite, nos llame y nos insista? ¿No será que somos nosotros los que estamos insistiendo más de la cuenta? Practiquemos el diálogo silencioso de la humanidad y de la vida misma, ese que contempla la intuición, la visualización, la percepción extrasensorial, los sincronismos o los sueños. sí… practiquemos muchas veces, cuantas más mejor para ir ganando confianza… y alegría. Aprendamos también a usar nuestra guía interior para reconocer qué rincón de un lugar especial es el nuestro, ya que por lo general, os lo aseguro, suele haberlo. Y esto último no suele practicarlo mucha gente.

Siempre doy estos consejos a todos los amantes de la Naturaleza, de su magia, de sus misterios y de sus tesoros. Sigue estos consejos y estas prácticas y no sólo encontrarás  lugares increíbles sino que además disfrutarás, sentirás y conectarás con ellos como nunca antes lo habías imaginado.

Yo también sufro cuando veo cómo se deteriora el planeta y su belleza. Pero me doy cuenta que es un fenómeno global, voraz y casi me atrevería a decir que irreversible. Sí, es duro reconocerlo pero parece que la humanidad tiene aún que caer mucho, mucho más… para recuperar su autenticidad. Creo que no se trata de querer parar toda esta tendencia sino de conseguir poco a poco que cada vez haya más y más gente caminando en sentido contrario a esa dirección. Gente  valiente, íntegra y fiel a sí misma.

Quizás seamos pocos ahora. Pero no importa, debemos seguir adelante. Algún día nos van a necesitar.

 

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2 comentarios

Archivado bajo Conciencia y espiritualidad

2 Respuestas a “Santuarios naturales: debemos protegerlos

  1. Alejandro

    Cuando dices “Lo he podido constatar personalmente en muchos lugares conocidos mundialmente por su belleza o por tener relación con una cultura ancestral. Cuando llego tengo la sensación de que se trata de algo así como… un escenario de teatro, hueco y vacío por detrás. Ya no queda nada”
    Y por qué fuiste justamente a estos lugares conocidos si ya no son tan fuertes?
    Me explico. Según tú, hay lugares místicos que a uno lo llaman. También dices que has podido comprobar que a estos lugares conocidos los han dejado sin nada, que están “vacíos”.
    Mi reflexión es, entonces si están vacíos cómo pudieron llamarte? O tal vez no te llamaron y fuiste por “moda”, yendo en contra de lo que pides

    • Apreciado Alejandro, gracias por escribir en mi blog. No hay una sola respuesta para tu pregunta. En algunas ocasiones, los lugares energéticamente bajos me llaman porque, literalmente, me piden SU AYUDA. Este es mi trabajo y debo atenderlo. En otras ocasiones he llegado porque estando de viaje por ahí cerca haciendo mi trabajo, aprovecho para acercarme y ver lo que hay, cómo se respira y en qué estado se encuentra. Sólo así puedo hablar de ello. También me suele ocurrir que lugares que me llaman cuando llego los noto bastante ‘flojitos’ pero…. todavía existe algún rincón, apartado normalmente de las masas, donde se guarda la fuerza original. Y por supuesto también llego a lugares sin ningún tipo de corazonada, porque paso por ahí, porque me gusta explorar y entonces me encuentro lo que me encuentro.
      Un saludo

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